En España sólo hay un 21% de directivas y la maternidad se aplaza a los 31 años

La figura de la mujer en los países desarrollados ha mejorado en los últimos diez años. Es un hecho. Sin embargo, aún queda mucho por conquistar. «Lo malo de la búsqueda de la igualdad es que, aunque avancemos dos pasos, retrocedemos uno», afirma María Esther Martínez, directora del Centro de Estudios de la Mujer de la Universidad de Salamanca. La conciliación es uno de los principales problemas con los que se encuentra la mujer trabajadora. De acuerdo con los últimos datos, desde 2005 a 2012 la tasa de actividad entre las mujeres ha aumentado casi siete puntos, pero el desempleo se incrementó casi el doble –en 13 puntos– durante el mismo periodo. El único país de los Veintisiete que nos supera es Grecia. Éste es un botón de muestra de la situación laboral de nuestro país, donde las mujeres quieren trabajar pero no pueden. La experta afirma que «las condiciones laborales en nuestro país son peores que en el resto de Europa. Cuanto más alto llega la mujer, la brecha de género aumenta, sobre todo si su sueldo se basa en incentivos. La diferencia puede alcanzar el 37 por ciento, aunque la variación media gira en torno al 15 por ciento». Otro de los puntos de la economía que demuestra la diferencia es el número de directivas . «Hemos bajado tres puntos con respecto a 2012. Ahora estamos en el 21 por ciento, mientras la media europea es del 25», sostiene Martínez. Y además, aunque en un primer momento el paro tuvo más incidencia entre los hombres, tras la caída del sector de la construcción, la industria y los servicios –donde trabajan muchas mujeres–, han ido detrás y para ellas es mucho más complicado volver a encontrar un puesto de trabajo. La conciliación también ha sido uno de los principales escollos que plantea la incorporación de la mujer al mercado laboral, ya que ha obligado a muchas madres a retrasar su maternidad para, así, alcanzar un puesto laboral elevado. Hoy, las madres primerizas suelen rondar los 31 años. «Las bajas maternales siguen siendo exclusivas para las mujeres. La sociedad aún no ve con buenos ojos que un hombre la pida». Las ayudas para formar una familia también han sido muy escasas y «deberían fomentarse incentivos en igualdad de empleo y estudios porque gracias a la educación podremos cambiar la desigualdad» e implementar las políticas sociales que ayudan a la mujer y al cuidado de personas dependientes. En lo que se refiere a enseñanza, «la formación femenina es excelente. Cada vez hay más universitarias y más mujeres que terminan tesis y se doctoran», asegura la investigadora de la Universidad de Salamanca. La familia también es una pieza clave en la educación en valores y en erradicar las diferencias de género. En algunos países, no obstante, la lucha por la igualdad también ha incrementado «los discursos reactivos. Son actitudes que toman algunos hombres que se sienten desplazados. Por eso, en algunos países, como los nórdicos, han aumentado los casos de violencia de género»


Fuente: B. V. Conquero (La Razon.es)